La reacción de China y Estados Unidos ante el inmenso poder de las gigantes tecnológicas

Publicado por Ernesto Doudchitzky on Jan 28, 2021 3:55:30 PM

El mundo entero aún está en shock por el ataque al Capitolio llevado a cabo por simpatizantes del presidente Trump en momentos en que los legisladores se preparaban para designar a Joe Biden como próximo presidente de Estados Unidos. Las decenas de miles de americanos (entre los cuales era casi imposible identificar a un negro o un latino) que decidieron tomar por la fuerza el edificio, fueron incitados por el discurso violento de Trump difundido principalmente a través de las redes sociales.

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Si Trump fue un buen presidente o no, puede discutirse. Lo que no tiene discusión es su maestría para determinar lo que pasaba en el país a través de unas pocas palabras lanzadas en Twitter. Y lo que sí o sí deberá discutirse en el futuro es cómo hacer para evitar que las redes sociales acaben en un tris con el sistema democrático occidental construido durante más de doscientos años y de cuya solidez confiábamos tanto hasta hace pocos días.

Lo más curioso y preocupante de lo que hemos visto desde que los manifestantes devolvieron el Capitolio a los políticos, es que en la mayor potencia democrática mundial las instituciones democráticas prácticamente no han tomado represalias y fue Jack Dorsey, CEO de Twitter, quien tomó la primer decisión relevante: eliminar la cuenta del presidente Trump. A este supermillonario, le siguió otro. Zuckerberg también decidió eliminar la cuenta de Trump en Facebook.

El gobierno de USA ha fallado claramente en controlar el crecimiento del poder privado corporativo y la proliferación de noticias falsas en internet, dejando en manos de los CEOs de las tecnológicas la decisión de qué y a quién censurar.

En los últimos meses los legisladores demócratas habían tomado algunas iniciativas para contrarrestar el inmenso poder de las gigantes tecnológicas. Citaron a sus CEOs al Congreso y acusaron a Zuckerberg de prácticas monopólicas. Hoy en día la situación ha dado un giro de 180 grados. Aprovechando las circunstancias, las tecnológicas se erigen en defensoras de la democracia cuando en realidad abandonan al derrotado Trump para ponerse en el bando del triunfante partido demócrata. Y a cambio pedirán clemencia, lo que muy probablemente obtendrán ya que los democrátas saben que sin el apoyo de las redes sociales no será tan fácil lograr la reelección.

El temor de Facebook y Twitter es que se modifique la Sección 230, una regulación de 1996 que absuelve a las empresas editoras de internet de cualquier responsabilidad en relación al contenido de terceros.

Una regulación como ésta en China es impensable. De hecho el gobierno chino tiene contratadas alrededor de dos millones de personas que se encargan de la censura en internet y de crear contenidos a favor del gobierno.

Actualmente en el gigante asiático se está viviendo una situación en que la relación entre el poder político y las gigantes tecnológicas se maneja de manera prácticamente opuesta a la de Estados Unidos. El segundo mayor supermillonario de China, Jack Ma, fundador y presidente de Alibaba, que estuvo desaparecido de escena por casi 2 meses desde fines de noviembre, estaba por lanzar al mercado la mayor oferta pública de acciones de la historia mundial a través de su grupo ANT, cuando cometió el error de criticar ciertas medidas económicas del gobierno.

Xi Jinping y su gobierno son conscientes desde hace años del inmenso poder económico y social que representan internet y las redes sociales, que podrían poner en apuros hasta al todopoderoso Partido Comunista. Por eso no sólo obligaron a Jack Ma a desaparecer de la escena e impidieron la impresionante movida financiera que estaba por llevar adelante, también lanzaron una investigación antimonopólica contra Alibaba y les hicieron saber al resto de las tecnológicas que no hay otra opción que obedecer las directivas del Partido.

En el medio de esta situación se encuentra Europa, un aliado natural de Estados Unidos que carece de gigantes tecnológicas y por lo tanto su mercado interno se ha visto copado por las empresas norteamericanas. Frente a la guerra fría entre China y USA, que aparentemente dividirá al mercado global en dos, y al maltrato del que ha sido objeto por parte del presidente Trump, Europa –y especialmente Alemania- se ha puesto en campaña para crear sus propias empresas digitales. Pero por sobre todo, las autoridades europeas quieren fijar un marco regulatorio claro para el bloque “democrático”.

En un reciente artículo en el portal Politico, el comisionado europeo para el mercado interno, Thierry Breton, asevera que ante los hechos recientes y la censura de Twitter y Facebook al presidente Trump, estas empresas ya no pueden argumentar que son sólo intermediarios. Está claro que sus decisiones repercuten de manera dramática en la vida real.

Breton se pregunta por qué estas empresas fallaron en evitar la difusión de fake news y los discursos de odio que desencadenaron el asalto al Capitolio. Y también si acaso puede quedar en manos de las tecnológicas la censura al Presidente de la Nación. Por un lado parece ser inmenso el poder de las redes sociales, y por otro lado parece ser grande la debilidad de las instituciones democráticas para controlar el mundo digital.

De hecho, el pasado diciembre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció la creación de la Digital Markets Act and Digital Service Act, que regulará el mundo digital europeo. Las discusiones serán intensas ya que abarcan a 27 países miembros con diferentes opiniones, por lo tanto se estima que durarán al menos hasta fines del 2023. El principal objetivo, pero no el único, será poner un coto al inmenso poder de Google, Facebook y Amazon, que le ha costado a Europa una sangría de miles de millones de euros y que al mismo tiempo han acabado con empresas tecnológicas europeas más pequeñas.

En su artículo, Thierry Breton hace un llamado a Estados Unidos para volver a la senda de la cooperación y crear juntos un marco regulatorio del mundo digital común para el bloque democrático. En los próximos años se determinará si este llamado es escuchado o si Europa surge como un tercer factor en la actual guerra fría tecnológica.

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